Por Mandy Slake | Actualizado el 24 de marzo de 2022
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Las ranas y los humanos comparten muchos sistemas corporales similares, incluidos sus mecanismos respiratorios. Ambos organismos dependen de los pulmones para absorber oxígeno y expulsar dióxido de carbono. Sin embargo, difieren en la mecánica respiratoria y, en el caso de las ranas, en el uso suplementario de la respiración cutánea.
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Tanto las ranas como los humanos poseen una glotis que sella la tráquea durante la deglución, una laringe con cuerdas vocales y bronquios que se ramifican en pares de pulmones. Los pulmones están compuestos de tejido elástico, lo que les permite expandirse y contraerse de manera eficiente.
Los mamíferos, incluidos los humanos, emplean un diafragma (una lámina de músculo unida a las costillas y la superficie inferior del pulmón) para impulsar la inhalación. Cuando el diafragma se contrae, expande la cavidad torácica, creando un diferencial de presión que empuja el aire hacia los pulmones. Las ranas carecen de diafragma; en cambio, modulan el flujo de aire expandiendo y contrayendo un saco en la garganta que actúa como una cámara de bombeo.
La piel de rana es húmeda y permeable, lo que permite la transferencia directa de gases como oxígeno y dióxido de carbono. Por el contrario, la piel humana es seca e impermeable al intercambio de gases, lo que significa que prácticamente toda la respiración se produce dentro de los pulmones. Esta diferencia requiere una mayor eficiencia en la función pulmonar humana para satisfacer las demandas metabólicas.
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