A menudo se malinterpreta a las zarigüeyas. Si bien pueden transmitir enfermedades zoonóticas, desempeñan un papel ecológico vital al digerir casi cualquier cosa, incluidos los huesos, para reducir los patógenos ambientales. Su notable adaptabilidad les permite prosperar en los Estados Unidos, México y Canadá contiguos. Una de sus adaptaciones más llamativas es fingir la muerte, una respuesta totalmente involuntaria.
"Hacerse del zarigüeya" es una frase familiar, pero el comportamiento es en realidad una defensa fisiológica llamada tanatosis o inmovilidad tónica. Cuando una zarigüeya siente que escapar es imposible, este estado se desencadena automáticamente. Entonces el animal parece muerto:su respiración se hace más lenta, su ritmo cardíaco disminuye y se vuelve rígido.
Un estudio publicado en Acta Physiologica Scandinavica descubrió que durante la tanatosis, la frecuencia respiratoria de las zarigüeyas disminuye en un 30% y la frecuencia cardíaca disminuye en un 46% en comparación con la actividad normal. El animal yace boca abajo, con la boca abierta y puede defecar, salivar u orinar. A pesar de estos signos externos, los investigadores confirmaron que la zarigüeya permanece completamente consciente, como lo demuestran las fluctuaciones de los signos vitales a lo largo del episodio.
La tanatosis se diferencia de la breve respuesta de "congelación" que muchos animales utilizan para evitar ser detectados. Si bien la congelación es una estrategia a corto plazo, la inmovilidad tónica puede durar horas y es un mecanismo de defensa de último recurso. Ambos son parte de una cascada defensiva más amplia (excitación, congelación, lucha o huida, inmovilidad tónica, inmovilidad colapsada e inmovilidad inactiva), cada una gobernada por vías neuronales específicas.
Las zarigüeyas son quizás el ejemplo más conocido, pero la lista de criaturas que fingen la muerte es extensa. Se sabe que los chinches bastón, los saltamontes pigmeos, los pollos domésticos, las aves silvestres, los conejillos de indias, varias especies de conejos, ciertos tiburones e incluso serpientes como la serpiente nariz de cerdo oriental emplean tanatosis cuando se enfrentan al peligro.