Kobkik/Getty Images
En la mayoría de los casos, rascarse la picazón ofrece un alivio rápido. Los irritantes externos, como un suéter que pica o un insecto que se posa en la piel, activan neuronas sensoriales especializadas que envían señales por el tracto espinotalámico hasta el tálamo, que luego transmite la sensación a la corteza somatosensorial. Sin embargo, cuando el problema radica en el propio sistema nervioso, la picazón puede volverse crónica y no responder al rascado.
Una picazón neuropática no es causada por un daño en la piel sino por una disfunción nerviosa. Los nervios sensoriales hiperactivos o mal conectados envían señales exageradas al cerebro, produciendo una picazón desproporcionada o completamente independiente de cualquier estímulo externo. Como resultado, ningún rascado puede silenciar la picazón persistente.
Pormezz/Shutterstock
El culpable más común de la picazón neuropática es el herpes zóster, una reactivación del virus varicela-zóster que anteriormente causaba la varicela. La dolorosa erupción, a menudo dispuesta en una línea de ampollas, puede dañar los nervios periféricos, especialmente cuando aparece en la cara o el cuello. Los estudios muestran que la picazón posherpética es más frecuente en estas áreas.
La diabetes es otro desencadenante frecuente. La hiperglucemia crónica daña los nervios con el tiempo y provoca neuropatía periférica diabética. Hasta el 27,5% de las personas con diabetes reportan picazón crónica, particularmente en los pies.
Otras causas incluyen quemaduras graves, lesiones de la médula espinal y enfermedades hepáticas como la hepatitis C. En raras ocasiones, las lesiones del sistema nervioso central (como accidentes cerebrovasculares, enfermedades priónicas o esclerosis múltiple) también pueden provocar picazón neuropática al alterar las vías de la picazón del cerebro.
Kwangmoozaa/Shutterstock
Si bien la picazón y el dolor comparten algunos circuitos superpuestos, investigaciones recientes indican que la picazón está mediada por neuronas dedicadas. El dolor tiende a provocar evitación, mientras que la picazón provoca la necesidad de rascarse. Esta diferencia fundamental explica por qué rascarse a menudo resulta un alivio, aunque puede exacerbar el daño a la piel.
La picazón neuropática no está relacionada con un estímulo específico, pero puede alterar gravemente el sueño y la calidad de vida. Rascarse demasiado puede crear llagas abiertas e infecciones secundarias. Los analgésicos convencionales de venta libre suelen ser ineficaces, pero la gabapentina y la pregabalina (medicamentos que también se utilizan para el dolor neuropático y la epilepsia) se han mostrado prometedores en ensayos clínicos. El tratamiento de primera línea generalmente implica medidas tópicas como compresas frías, ungüentos calmantes y antihistamínicos, pero los casos persistentes pueden requerir terapia con receta.
Si bien no existe una cura definitiva para la picazón neuropática, una combinación de estrategias farmacológicas y no farmacológicas puede reducir significativamente los síntomas y mejorar el funcionamiento diario.