Esto se debe a que estos órganos están protegidos por barreras físicas, como la piel y las membranas mucosas, y por el sistema inmune, lo que evita la entrada y el crecimiento de microorganismos.
Sin embargo, es importante tener en cuenta que algunas investigaciones recientes sugieren que incluso estos órganos pueden albergar pequeñas cantidades de bacterias, particularmente en ciertas condiciones.