Leeuwenhoek, un draper holandés y científico aficionado, desarrolló sus propios microscopios poderosos, logrando magnificaciones mucho mayores que los microscopios anteriores. Usó estos microscopios para observar una amplia variedad de especímenes, que incluyen agua, sangre e incluso sus propios dientes.
En 1674, escribió a la Royal Society de Londres describiendo sus observaciones de criaturas pequeñas y conmovedoras en agua de estanque, que llamó "Animalcules". Este descubrimiento revolucionó nuestra comprensión del mundo microscópico y sentó las bases del campo de la microbiología.