Por Jacob Stutsman
Actualizado el 24 de marzo de 2022
Si bien la atracción gravitacional de la Luna es famosa por dar forma a las mareas, su papel en los sistemas climáticos es más sutil y a menudo se malinterpreta. La investigación científica muestra que la luna puede influir en las corrientes oceánicas, las mareas atmosféricas e incluso la presión atmosférica, pero su impacto general en los patrones climáticos sigue siendo relativamente menor en comparación con las fuerzas solares y terrestres.
La fuerza gravitacional de la Luna es más débil que la del Sol, pero su proximidad a la Tierra la hace 2,17 veces más efectiva para generar mareas. Esta atracción más cercana es la razón por la que la Luna es el principal impulsor del movimiento oceánico, aunque la influencia del Sol también es significativa.
Los niveles de los océanos fluctúan continuamente bajo los efectos combinados de la rotación de la Tierra y la atracción gravitacional de la Luna y el Sol. Cuando la luna está llena o nueva, una marea viva amplifica la atracción solar, produciendo mareas altas más altas y mareas bajas más bajas. Conversely, during quarter phases, a neap tide occurs as the moon’s and sun’s pulls partially cancel, leading to less pronounced tidal ranges.
Las fuerzas de marea que dan forma a las corrientes oceánicas transportan la temperatura y la humedad desde los mares a las costas adyacentes. Las corrientes cálidas provocan temperaturas más altas y un aumento de las precipitaciones, mientras que las corrientes frías pueden enfriar las regiones costeras y reducir las precipitaciones, influyendo así en los patrones climáticos locales.
Al igual que las mareas de agua, la atmósfera experimenta protuberancias y oscilaciones conocidas como mareas atmosféricas. Estos son impulsados principalmente por el calentamiento solar, pero también contribuyen la atracción gravitacional de la luna y el movimiento del agua oceánica. Aunque el efecto lunar es modesto, desempeña un papel en el intercambio de energía entre la atmósfera superior e inferior.
La luna ejerce una pequeña influencia sobre la presión atmosférica, lo que puede afectar la severidad del clima. Los ligeros aumentos de presión tienden a fomentar condiciones más tranquilas, mientras que las disminuciones a menudo se asocian con un clima más tormentoso. Sin embargo, esta contribución lunar queda eclipsada por otras dinámicas atmosféricas.
En resumen, la atracción gravitacional de la Luna tiene efectos mensurables pero limitados en el sistema climático de la Tierra. Si bien da forma a las mareas e influye indirectamente en los patrones de temperatura y precipitación, su impacto general es modesto en comparación con las poderosas fuerzas del calentamiento solar y los procesos atmosféricos terrestres.