Por Brenton Shields | Actualizado el 24 de marzo de 2022
La Tierra orbita alrededor del Sol en una trayectoria casi circular, completando una revolución cada 365,25 días. Este modelo heliocéntrico, propuesto por primera vez por Nicolás Copérnico en el siglo XVI, reemplazó la antigua visión geocéntrica que colocaba a la Tierra en el centro del universo.
Mientras la Tierra gira alrededor del Sol, también gira sobre su eje una vez cada 24 horas. Esta rotación expone diferentes partes del planeta a la luz solar, produciendo el familiar ciclo de luz del día y oscuridad. Por lo tanto, el movimiento aparente del Sol a través del cielo es una consecuencia del giro de la Tierra, no del movimiento del Sol.
La Luna viaja alrededor de la Tierra en unos 27,3 días. Sus fases (nueva, creciente, cuarto, gibosa y llena) surgen de los ángulos cambiantes entre la Tierra, la Luna y el Sol. Cuando los tres cuerpos se alinean se producen eclipses solares o lunares.
La gravedad de la Luna atrae los océanos de la Tierra, creando dos protuberancias de marea que se mueven a medida que la Luna orbita. El aumento y la caída resultantes del nivel del mar (mareas altas y bajas) son más fuertes a lo largo de las costas y dan forma a los ecosistemas marinos.
Estos movimientos celestes (la órbita de la Tierra, la rotación y la trayectoria de la Luna) son la base de muchos fenómenos naturales que experimentamos a diario.