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Mientras que la cosmología egipcia temprana describía el mundo como un cubo, los griegos creían firmemente en una Tierra esférica. Este punto de vista se basó en una observación cuidadosa y un razonamiento matemático, sentando las bases para la primera explicación verdaderamente científica de la forma de nuestro planeta.
En el siglo V, el monje Cosmas Indicopleustes cuestionó el modelo esférico y propuso una Tierra en forma de cubo que creía alineada con la frase bíblica “los cuatro ángulos de la tierra” (Apocalipsis 7:1). Su interpretación, sin embargo, carecía del apoyo empírico que ya había convencido a los eruditos griegos.
Hoy en día, las imágenes satelitales y la circunnavegación demuestran de manera concluyente la redondez de la Tierra, lo que confirma los conocimientos empíricos de los antiguos griegos que siguen siendo fundamentales para la geociencia moderna.