* Conservación del agua: Durante el invierno, el suelo está congelado, lo que dificulta los árboles absorber el agua del suelo. Las hojas pierden agua a través de la transpiración (evaporación de sus superficies). Al arrojar sus hojas, los árboles conservan agua preciosa durante la estación fría y seca.
* Protección contra la congelación: El agua en las células vegetales puede congelarse y expandirse, causando daños al árbol. Al perder sus hojas, los árboles reducen la cantidad de agua que necesitan mantener en sus tejidos, minimizando el riesgo de daño por heladas.
* Demandas de energía reducidas: Producir y mantener hojas requiere mucha energía. Durante el invierno, cuando la fotosíntesis es limitada debido a la falta de luz solar, el desprendimiento de las hojas ayuda a los árboles a conservar la energía para la supervivencia.
* Protección contra el viento y la nieve: Las hojas pueden dañarse por fuertes vientos y fuertes nevadas. Perder sus hojas reduce el área de superficie expuesta a estos elementos, proporcionando cierta protección.
En resumen, perder sus hojas es una forma de que los árboles caducifolios se adapten a las duras condiciones del invierno reduciendo la pérdida de agua, minimizando el daño por heladas, conservar energía y protegerse de los elementos.