1. Un átomo de metal: Los metales tienden a perder electrones y convertirse en iones cargados positivamente (cationes).
2. Un átomo no metálico: Los no metales tienden a ganar electrones y convertirse en iones cargados negativamente (aniones).
A continuación se muestran algunos ejemplos:
* Sodio (Na) y Cloro (Cl): El sodio (un metal) pierde un electrón para convertirse en Na+ y el cloro (un no metal) gana ese electrón para convertirse en Cl-. Estos iones con cargas opuestas se atraen entre sí, formando el compuesto iónico cloruro de sodio (NaCl), comúnmente conocido como sal de mesa.
* Magnesio (Mg) y Oxígeno (O): El magnesio (un metal) pierde dos electrones para convertirse en Mg2+, y el oxígeno (un no metal) gana dos electrones para convertirse en O2-. Esto da como resultado la formación de óxido de magnesio (MgO).
Recuerda: La clave es que un átomo debe tener una fuerte tendencia a perder electrones, mientras que el otro necesita una fuerte tendencia a ganar electrones.