Por T.L. Canciller | Actualizado el 24 de marzo de 2022
La organización del cuerpo humano se desarrolla en una serie de niveles anidados, que comienzan en la concepción y culminan en un recién nacido completamente formado. Cada nivel, desde los átomos hasta los sistemas de órganos, desempeña un papel fundamental en la configuración de nuestra biología.
En la base se encuentran los átomos y las moléculas, los componentes moleculares que se combinan en orgánulos como las mitocondrias y los ribosomas. Estas estructuras subcelulares sustentan las funciones bioquímicas que sustentan la vida.
Las células son las unidades funcionales de la vida. Un único óvulo fertilizado sufre divisiones mitóticas para replicar su genoma de 46 cromosomas y generar los diversos tipos de células que constituyen el cuerpo humano. La diferenciación celular impulsa la especialización, teniendo en cuenta diferencias como el color del cabello o la función inmune.
Las células de la misma función se agrupan para formar tejidos. Existen cuatro tipos principales de tejidos:epitelial (piel y revestimiento), conectivo (sangre, cartílago, hueso), muscular (que genera movimiento) y neural (que conduce impulsos eléctricos).
Los distintos tejidos se ensamblan en órganos, cada uno de los cuales desempeña una función fisiológica específica; por ejemplo, el corazón hace circular la sangre, el hígado se desintoxica y los riñones filtran los desechos. La mayoría de los órganos contienen los cuatro tipos de tejidos.
Los órganos colaboran dentro de los sistemas de órganos para llevar a cabo funciones corporales complejas. El cuerpo humano comprende 11 sistemas principales, incluidos el cardiovascular, el gastrointestinal, el esquelético y otros que se coordinan para sustentar la vida.