La motilidad celular es vital para los organismos unicelulares y desempeña un papel clave en muchas especies multicelulares. Los flagelos, apéndices en forma de látigos, permiten a las células nadar hacia los nutrientes, evadir a los depredadores o navegar dentro de los tejidos del huésped.
Los flagelos están presentes tanto en procariotas (bacterias) como en un subconjunto de eucariotas, pero sus arquitecturas difieren dramáticamente. En las bacterias, el flagelo funciona como una hélice giratoria impulsada por una fuerza motriz de protones, mientras que los flagelos eucariotas se doblan de manera coordinada, impulsados por ATP.
Los flagelos bacterianos constan de tres componentes principales:
El filamento se ensambla translocando subunidades de flagelina desde los ribosomas a través del canal central hasta la punta, donde se polimerizan. El cuerpo basal sirve como motor y el gancho transmite un par de rotación, creando un movimiento de sacacorchos.
Los flagelos eucariotas carecen de bastón central; en cambio, están compuestos por un núcleo sólido de nueve microtúbulos dobletes dispuestos alrededor de un par central (el patrón clásico 9+2). Cada doblete está estabilizado por radios proteicos, dineínas axonemales y enlaces radiales.
El movimiento se genera mediante el deslizamiento de dobletes de microtúbulos adyacentes impulsado por la actividad de dineína ATPasa. Esta flexión coordinada produce una propulsión en forma de látigo o de onda.
Tanto los flagelos bacterianos como los eucariotas logran un impulso hacia adelante mediante movimientos de rotación o flexión:
Los flagelos permiten a las bacterias localizar nutrientes, evitar productos químicos nocivos y diseminarse por los tejidos del huésped. Por ejemplo, Helicobacter pylori utiliza sus flagelos para navegar por el moco gástrico, evadir las regiones ácidas y colonizar el revestimiento del estómago, un paso crítico en la formación de úlceras.
La disposición flagelar (monotrica, lofótrica, perítrica, anfítrica) influye en los patrones de motilidad y los nichos ecológicos.
Más allá de los organismos unicelulares, los flagelos eucariotas son esenciales en la vida multicelular. Los espermatozoides dependen de un solo flagelo para atravesar el tracto reproductivo femenino, mientras que Chlamydomonas reinhardtii utiliza dos flagelos para nadar en ambientes acuáticos y dispersar esporas.
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