ATP (trifosfato de adenosina) es la principal moneda energética en todas las células vivas. Impulsa procesos desde la contracción muscular hasta la síntesis de ADN, lo que permite a los organismos moverse, reproducirse y adquirir nutrientes.
La molécula consta de tres componentes clave:
Cuando una enzima escinde un grupo fosfato, el ATP se convierte en ADP o AMP, liberando energía que impulsa la actividad celular. El fosfato liberado se puede reutilizar para regenerar ATP durante la respiración celular.
La respiración celular se divide en tres etapas, cada una de las cuales contribuye a la síntesis de ATP:
En el citoplasma, una molécula de glucosa (6C) se divide en dos moléculas de piruvato (3C cada una). Esta vía consume 2 ATP y produce 4 ATP, generando 2 ATP por glucosa. También genera 2 NADH.
El piruvato ingresa a las mitocondrias y se convierte en acetil-CoA, alimentando el ciclo. Por cada acetil‑CoA, el ciclo produce 3 NADH, 1 FADH₂ y 1 ATP (GTP). Debido a que una glucosa produce dos acetil‑CoA, el ciclo genera 6 NADH, 2 FADH₂ y 2 ATP por glucosa.
NADH y FADH₂ donan electrones al ETC, creando un gradiente de protones que impulsa la ATP sintasa. En esta etapa se producen aproximadamente 34 ATP por glucosa, lo que produce un total de aproximadamente 38 ATP por molécula de glucosa en organismos aeróbicos.
Los enlaces fosfato de alta energía del ATP le permiten:
Los ejemplos clave incluyen:
Sin ATP, estas funciones vitales cesarían, provocando fallos celulares y del organismo.