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Cuando caminamos por un parque y vemos un perro de raza mestiza, podemos inferir instantáneamente su linaje por sus rasgos físicos. Estos rasgos se heredan de sus padres, del mismo modo que todo organismo vivo hereda su ADN de sus antepasados. La notable similitud del código genético entre todas las formas de vida indica que este código se remonta a un único y antiguo progenitor.
Hace unos 3.500 millones de años, reacciones químicas espontáneas y autosostenidas en los océanos primordiales dieron lugar a las primeras moléculas que se replicaban. A partir de estos humildes comienzos, toda la vida posterior se ha construido a partir de uno o dos padres que transmiten largas hebras de ácido desoxirribonucleico (ADN).
El ADN codifica proteínas, los componentes básicos de las células y los determinantes de la estructura y función de un organismo, desde la digestión hasta la formación de la piel. Si bien las proteínas no se copian directamente del ADN, un sofisticado sistema de traducción, el código genético, interpreta las secuencias de ADN en cadenas de aminoácidos.
El ADN está compuesto por cuatro nucleótidos:adenina (A), timina (T), citosina (C) y guanina (G). Grupos de tres nucleótidos, llamados codones, especifican aminoácidos individuales. En toda la biosfera de la Tierra, el mapeo entre codones y aminoácidos es esencialmente idéntico, lo que subraya una herencia genética compartida. La única desviación notable se produce en el ADN mitocondrial, que utiliza un código ligeramente alterado debido a su ascendencia bacteriana.
Si bien las similitudes morfológicas pueden sugerir una ascendencia compartida, la uniformidad del código genético proporciona un vínculo más fundamental. Las relaciones casi idénticas entre codones y aminoácidos en todos los organismos respaldan firmemente la hipótesis de que la vida se originó a partir de un único organismo ancestral hace miles de millones de años.