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La pérdida de peso rara vez es una solución rápida; requiere un esfuerzo constante y decisiones informadas. Es por eso que los científicos y expertos en fitness invierten tiempo y recursos en comprender cómo nuestro cuerpo usa la energía durante el ejercicio.
Una pregunta recurrente tanto entre los atletas como entre los deportistas ocasionales es si un entrenamiento en condiciones de frío o calor quema más calorías. La respuesta no es sencilla, pero las investigaciones emergentes arrojan luz sobre los mecanismos subyacentes.
Ambas temperaturas extremas obligan al cuerpo a gastar energía adicional para mantener su temperatura central de 98,6°F. La exposición al frío provoca la producción y retención de calor, mientras que la exposición al calor desencadena procesos de enfriamiento que también consumen energía. Comprender estos procesos explica por qué cada entorno puede aumentar el gasto calórico de diferentes maneras.
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En condiciones de calor, el cuerpo emplea dos estrategias principales de enfriamiento:sudoración y vasodilatación. La sudoración, la liberación de agua de las glándulas sudoríparas, elimina el calor mediante la evaporación. La vasodilatación expande los vasos sanguíneos cerca de la piel, aumentando el flujo sanguíneo y permitiendo que el calor se disipe. Aunque estos mecanismos son esenciales para la termorregulación, no elevan significativamente la quema de calorías. La sudoración en sí misma prácticamente no consume energía y el costo calórico de la vasodilatación es modesto porque implica la contracción del músculo liso en las paredes de los vasos.
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La exposición al frío desencadena dos respuestas clave que pueden mejorar el gasto de energía. En primer lugar, el cuerpo contrae los vasos sanguíneos cutáneos para reducir la pérdida de calor, un proceso que no requiere mucha energía. En segundo lugar, genera calor mediante termogénesis. La forma más notable de termogénesis son los escalofríos, que pueden quemar hasta 400 calorías por hora. Si bien los escalofríos no sustituyen el entrenamiento estructurado, sí aumentan el gasto energético total durante un entrenamiento en frío.
Además, la exposición al frío estimula la liberación de irisina, una hormona que convierte el tejido adiposo blanco en tejido adiposo marrón. La grasa parda es metabólicamente activa y quema calorías para producir calor, lo que ofrece un beneficio a largo plazo para el metabolismo de las grasas. Por lo tanto, hacer ejercicio en temperaturas más frías puede aprovechar ventajas metabólicas tanto inmediatas como duraderas.