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El agua es esencial para la vida. Con el 71% de la superficie de la Tierra cubierta por él, y el hidrógeno y el oxígeno constituyen entre el 45% y el 75% del peso corporal humano, mantener el equilibrio de líquidos requiere una ingesta regular. Las pérdidas diarias de 64 a 96 onzas se producen a través de la respiración, las deposiciones, la orina y la sudoración, por lo que el cuerpo debe reponer ese volumen cada día.
A diferencia de los alimentos, el agua no contiene colorantes, grasas, proteínas o azúcares que necesiten digestión, por lo que el estómago puede procesarla rápidamente. Un estudio publicado en el European Journal of Applied Physiology encontró que el agua llega a las células sanguíneas y al plasma tan solo cinco minutos después de la ingestión. Desde el estómago, viaja al intestino delgado, donde se produce la mayor absorción, y luego pasa por el intestino grueso. La absorción total se logra en 75 a 120 minutos, aunque una comida abundante puede retrasar este proceso.
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Conocer el volumen diario necesario para reponer las pérdidas naturales es clave. Las Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y Medicina de EE. UU. estiman que las necesidades promedio son de 91 onzas para las mujeres y 125 onzas para los hombres. Estas cifras incluyen el agua obtenida de alimentos y bebidas. En los EE. UU., aproximadamente el 19 % de la ingesta total de agua proviene de los alimentos y el 81 % de los líquidos. En consecuencia, una mujer promedio debe consumir aproximadamente 74 onzas de líquido y un hombre alrededor de 101 onzas cada día para mantenerse hidratado.
El cuerpo puede absorber mucho más que la pérdida promedio. El quiropráctico Travis Helmers informa una capacidad de 4 a 12 onzas por hora, lo que se traduce en hasta 288 onzas por día. En condiciones de calor y humedad extremos, el ciclista de maratón Steve Born observa tasas de absorción de aproximadamente 34 onzas por hora, o hasta 816 onzas por día.
Sin embargo, beber grandes volúmenes de agua corriente sin reponer los electrolitos puede provocar intoxicación por agua e hiponatremia, una peligrosa caída del sodio en sangre. El American Journal of Clinical Nutrition descubrió que la leche, con su alto contenido de electrolitos y macronutrientes, puede ser una opción de hidratación más segura que el agua sola.