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  • La ciencia revela por qué los adolescentes emiten un olor distinto

    La pubertad trae consigo una serie de cambios físicos que pueden resultar incómodos tanto para los adolescentes como para sus padres. Uno de los cambios más notables es un nuevo olor corporal que muchos adultos describen como "funky" o "desagradable".

    En 2024, investigadores de Alemania publicaron un estudio en Communications Chemistry que diseccionó el perfil químico de los niños pospuberales. Identificaron los ácidos carboxílicos (compuestos volátiles que contienen aromas que recuerdan a ciruelas maduras, cabras y queso) como los principales impulsores del aroma adolescente. La concentración de estos ácidos era notablemente mayor en los adolescentes que en los niños prepúberes.

    Además, el estudio encontró dos esteroides naturales en el sudor de los adolescentes que emiten un olor parecido al almizcle, lo que enriquece aún más la compleja fragancia.

    Curiosamente, el perfil olfativo de los adolescentes todavía contiene los compuestos más ligeros presentes en los niños prepúberes. La fuente subyacente de ambos olores son las glándulas sebáceas, que se activan en la pubertad. Estas glándulas secretan sebo, una sustancia aceitosa que ayuda a mantener la piel hidratada. Cuando el sebo interactúa con el sudor ácido y las bacterias de la piel, se descompone en los compuestos volátiles responsables del "olor adolescente".

    ¿Es el olor adolescente una señal evolutiva?

    Si bien los recién nacidos emiten un "olor a bebé" que desencadena la liberación de dopamina en los padres, fortaleciendo los vínculos afectivos y los instintos protectores, los investigadores aún tienen que confirmar un propósito evolutivo para el olor de los adolescentes. Algunos científicos especulan que un olor distintivo podría ayudar a señalar independencia o ayudar en la selección de pareja, pero faltan pruebas concretas.

    Por ejemplo, ciertas especies de peces, como el espinoso, liberan sustancias químicas en la madurez sexual que alejan a las crías de sus padres. Si existe un mecanismo comparable en los humanos sigue siendo pura conjetura.

    Lo que está claro, sin embargo, es que la pubertad marca un período de creciente autosuficiencia. Los adolescentes son naturalmente menos dependientes de la protección de sus padres, lo que puede explicar por qué pueden “salirse con la suya oliendo mal” en comparación con los bebés.

    Mucha gente atribuye el olor adolescente a las feromonas, pero la evidencia no respalda esta afirmación. Los humanos poseen un órgano de Jacobson reducido y, hasta 2025, no se había identificado ninguna feromona humana definitiva. En consecuencia, la creencia de que los adolescentes “maximizan” las feromonas evitando las duchas carece de respaldo científico.

    En resumen, el olor adolescente es un subproducto bioquímico de los cambios hormonales, la actividad de las glándulas sebáceas y el metabolismo bacteriano; no hay ninguna estrategia feromonal secreta en juego.

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