Cuando llega una amenaza repentina, la mayoría de la gente grita instintivamente y adopta una cara de terror. Estas reacciones no son sólo arrebatos emocionales; son herramientas evolucionadas que agudizan nuestros sentidos y movilizan el cuerpo para una acción rápida.
El psicólogo William James señaló que las expresiones faciales pueden moldear nuestras emociones. Una mirada de terror aumenta instantáneamente la vigilancia, ampliando nuestro campo visual, acelerando la respiración y preparando el sistema olfativo para detectar el peligro. Incluso una expresión deliberada de "miedo" puede desencadenar este estado de alerta intensificado, preparando el cuerpo para luchar, huir o congelarse.
No todo el mundo puede producir la misma intensidad de expresión de miedo porque el músculo risorio, situado a los lados de la boca, varía entre los individuos. Sólo alrededor de dos tercios de las personas poseen este músculo, y su tamaño y simetría difieren ampliamente. Cuando está presente, un risorio fuerte contribuye a una “mirada de terror” más pronunciada, mejorando la comunicación no verbal durante una crisis.
Nuestros gritos no son aleatorios; Funcionan como una alarma audible. Al igual que la bocina de un vehículo o el llanto de un recién nacido, un grito irregular, caótico y animal es difícil de ignorar. Este sonido fuerte y que llama la atención indica peligro a los aliados cercanos y puede disuadir amenazas potenciales, aumentando las probabilidades de supervivencia.
Tanto la expresión facial como el grito tienen sus raíces en profundos mecanismos evolutivos que se han ido perfeccionando a lo largo de milenios. Al comprender estas respuestas, obtenemos información sobre cómo el cerebro y el cuerpo colaboran para protegernos de cualquier daño.
Para profundizar más, mira Cosas que te dejarán boquiabierto:Gritos de terror vídeo sobre HowStuffWorks.
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