* Universalidad: El latín es un idioma muerto, lo que significa que ya no se habla ni evoluciona. Esto lo convierte en un lenguaje neutral y universal para la clasificación científica, ya que no está sujeto a variaciones regionales o cambios en el significado.
* Estabilidad: Los términos latinos son relativamente estables y menos propensos al cambio en comparación con los idiomas modernos, que están en constante evolución. Esto garantiza la consistencia y evita la confusión en diferentes regiones y períodos de tiempo.
* Tradición: El uso del latín en la clasificación científica se remonta al siglo XVIII con el trabajo de Carl Linnaeus, quien estableció el sistema de nomenclatura binomial. Esta tradición ha sido mantenida y continúa siendo utilizada por científicos de todo el mundo.
* Precisión: El latín es un lenguaje muy preciso con un rico vocabulario, que permite descripciones detalladas de los organismos y sus características. Esta precisión es crucial para una clasificación y comunicación precisas.
* Comunicación internacional: El latín es un lenguaje que ha sido utilizado por académicos en muchas culturas e idiomas, lo que lo convierte en un terreno común para la comunicación científica. Esto facilita la colaboración y el intercambio de conocimiento entre investigadores de diferentes orígenes.
Si bien el latín es el lenguaje tradicional para la clasificación científica, los nombres científicos modernos a menudo se derivan de las raíces latinas o griegas. Esto asegura que los nombres todavía sean reconocidos y entendidos por los científicos de todo el mundo, al tiempo que incorporan nuevos descubrimientos y comprensión del mundo natural.
En resumen, el uso del latín para clasificar los organismos ofrece estabilidad, universalidad, precisión, tradición y facilita la comunicación internacional entre los científicos.