Este principio establece que la estructura de un organismo o cualquiera de sus partes está directamente relacionada con la función que realiza. En otras palabras, la forma, el tamaño y la disposición de las partes del cuerpo de un organismo se adaptan para adaptarse a sus roles específicos.
Aquí hay algunos ejemplos:
* pájaros: Los huesos huecos y el cuerpo de aves aerodinámico están adaptados para el vuelo.
* peces: Las aletas y las escamas de peces se adaptan para el movimiento y la protección en el agua.
* humanos: La estructura de la mano humana con su pulgar opuesto es perfectamente adecuada para agarrar y manipular objetos.
Este principio es fundamental para comprender cómo los organismos han evolucionado para prosperar en sus entornos específicos.