Por Drew Lichtenstein | Actualizado el 24 de marzo de 2022
La atracción gravitacional de un planeta o estrella crece con su masa. Esta fuerza, descrita por la Ley Universal de Gravitación de Isaac Newton, determina si los objetos cercanos permanecen en órbita o se alejan. La ecuación de Newton se expresa como:
F =G \(\dfrac{M_1 M_2}{r^2}\)
donde F es la fuerza gravitacional, G es la constante gravitacional (6.674×10 -11 N·m²/kg²), M1 y M2 son las masas de los dos cuerpos, y r es la distancia entre sus centros. La ecuación muestra que masas más grandes y distancias más cercanas fortalecen la gravedad.
En nuestro Sistema Solar, la inmensa masa del Sol:aproximadamente 1.989×10 30 kg:mantiene en órbita los ocho planetas, los planetas enanos, los cometas y los asteroides. Los propios planetas mantienen sus lunas atadas; un planeta más masivo puede albergar lunas que están más alejadas. Por ejemplo, Saturno, uno de los gigantes gaseosos, alberga 83 lunas confirmadas, siendo la más grande Titán.
Las tres leyes del movimiento de Newton proporcionan información adicional. La primera ley (inercia) explica por qué un planeta o una luna continúa en movimiento uniforme a menos que se actúe sobre él. La tercera ley (acción-reacción) explica fenómenos como las mareas de la Tierra, que surgen de la atracción gravitacional de la Luna sobre nuestros océanos.
Mientras Newton describió cómo se comporta la gravedad, la Teoría General de la Relatividad de Einstein, publicada en 1915, explicó por qué. Einstein demostró que la masa curva el espacio-tiempo y los objetos se mueven a lo largo de la curvatura resultante. Este modelo unifica la gravedad con el comportamiento de la luz y otras partículas sin masa, que también siguen trayectorias curvas alrededor de cuerpos masivos.
Comprender la relación masa-gravedad es esencial para la astronomía, la navegación de naves espaciales y la predicción de movimientos celestes.