Los bosques tropicales cubren sólo entre el 6% y el 7% de la tierra de la Tierra, pero albergan el 70% de las especies de plantas y animales del planeta, según el Fondo Mundial para los Bosques Tropicales. Sin embargo, los científicos han catalogado menos del 10% de esas especies. En el Parque Nacional Alerce Costero de Chile, los investigadores descubrieron recientemente un mundo oculto de hongos debajo de las antiguas coníferas del parque.
El estudio, publicado en Biodiversidad y Conservación En 2022, se propuso mapear las redes de micorrizas y muestras de suelo alrededor de los alerces del parque, la segunda especie arbórea más antigua de Chile. Los alerces crecen lentamente, pueden alcanzar 15,5 pies de diámetro y 164 pies de altura y tienen una tasa de mortalidad notablemente baja. Los equipos de campo tomaron muestras de suelo de árboles individuales que van desde árboles jóvenes hasta más de 2400 años.
Sorprendentemente, el árbol más grande y más viejo produjo 2,25 veces la diversidad de hongos de los árboles más jóvenes y contenía más de 300 especies de hongos únicas. Los datos confirman que estos gigantes proporcionan un microambiente especializado que nutre una vasta comunidad de hongos.
La relación entre los alerces y sus socios fúngicos es mutuamente beneficiosa. Los hongos micorrízicos ayudan a canalizar nutrientes y agua hacia los sistemas de raíces de los árboles, lo que refuerza la resiliencia contra la sequía y las enfermedades. A su vez, los árboles ofrecen un hábitat protegido para los hongos.
Más allá de apoyar la salud de los árboles, estos hongos desempeñan un papel fundamental en el secuestro de carbono. Al almacenar carbono en el suelo, contribuyen al estatus del parque como un importante sumidero de carbono, un componente esencial del sistema climático global.
Estos hallazgos subrayan la importancia de conservar los bosques de alerce. La extensión original del parque ya se ha reducido a la mitad debido a siglos de deforestación, y el árbol más antiguo fue talado en 1976 cuando tenía 3.622 años. La pérdida de estos árboles milenarios significaría una disminución dramática en la diversidad de hongos del suelo, amenazando la integridad de un ecosistema que ha tardado milenios en construirse.
Por lo tanto, proteger los alerces no se trata sólo de preservar árboles antiguos icónicos; también se trata de salvaguardar un vasto bioma fúngico, en gran parte desconocido, que sustenta las funciones ecológicas y climáticas del bosque.