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Los halógenos (flúor, cloro, bromo, yodo y astato) ocupan el grupo 17 de la tabla periódica. Con siete electrones de valencia, están muy ansiosos por aceptar un electrón adicional y lograr un octeto estable. Este impulso sustenta su intensa reactividad, que abarca las fases sólida, líquida y gaseosa en condiciones estándar.
Cada átomo aspira a tener ocho electrones en su capa de valencia. Los halógenos, a los que les falta un electrón, aceptan fácilmente electrones, lo que los convierte en uno de los elementos más reactivos de la tabla periódica.
El tamaño del núcleo de un átomo en relación con su nube de electrones (su radio atómico) determina con qué fuerza el núcleo atrae los electrones. En los átomos de halógeno más pequeños, el núcleo está más cerca de los electrones de valencia, lo que aumenta la atracción electrostática y acelera la adquisición de un electrón extra. En consecuencia, el flúor, con el radio más pequeño, presenta la mayor reactividad, seguido del cloro, el bromo, el yodo y el astato.
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