La deforestación global (la eliminación de árboles, arbustos y otra vegetación de los bosques) ha aumentado a lo largo de los siglos. Las áreas boscosas que alguna vez cubrían aproximadamente la mitad de la masa terrestre de la Tierra ahora representan menos de una décima parte. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), cada año se talan 130.000 km² de bosques. Sólo en los Estados Unidos, los deslizamientos de tierra (deslizamientos de tierra destructivos y cargados de agua) provocan entre 25 y 60 muertes cada año.
Los deslizamientos de tierra suelen ocurrir en laderas empinadas que han sido despojadas de vegetación. Las fuertes lluvias, la actividad sísmica o las erupciones volcánicas desestabilizan estas laderas, provocando que escombros, rocas y tierra se desplacen cuesta abajo. La masa húmeda resultante puede alcanzar alturas de hasta 30 pies (9 metros) y viajar a altas velocidades, a menudo enterrando casas y pueblos enteros. En 1999, las lluvias torrenciales en las laderas deforestadas de Venezuela provocaron deslizamientos de tierra que mataron a 20.000 personas.
La vegetación ancla el suelo con raíces que forman una barrera natural contra el fracaso de las pendientes. Cuando se eliminan los árboles y arbustos, ese sistema de anclaje desaparece, dejando el suelo suelto vulnerable a la erosión y al movimiento rápido. La vegetación también reduce la velocidad del material en movimiento, reduciendo las fuerzas de impacto. La deforestación se debe principalmente a la tala (tanto legal como ilegal) junto con el desmonte de tierras para la agricultura, la minería y la expansión urbana.
En 2006, un deslizamiento de tierra arrasó la aldea filipina de Guinsaugon en apenas dos minutos, sepultando el asentamiento y matando a 57 residentes. A principios de ese año, un suceso similar en Puerto Príncipe, Haití, se cobró cuatro vidas cuando una casa en la ladera se derrumbó debido a un deslizamiento provocado por la lluvia. En 1999, el huracán Mitch desató deslizamientos de tierra generalizados en toda Centroamérica, lo que contribuyó a una importante pérdida de vidas. En todos los casos, la deforestación jugó un papel fundamental a la hora de amplificar la gravedad del desastre.
Los gobiernos de todo el mundo están tomando medidas decisivas para frenar la pérdida de bosques. La presidenta Gloria Arroyo de Filipinas, donde sólo queda el 13% del bosque original, implementó medidas enérgicas contra la tala ilegal. Brasil ha intensificado sus esfuerzos para proteger el Amazonas, la selva tropical más grande que queda en el planeta. Las negociaciones climáticas globales se centran cada vez más en reducir la deforestación para mitigar las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas. Paralelamente, muchos países están desplegando sistemas de alerta temprana para avisar con antelación a las comunidades de deslizamientos de tierra inminentes, lo que permitirá evacuaciones oportunas.