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  • Cómo la sal y el hielo pueden causar congelación:comprensión de la ciencia detrás de las quemaduras por frío

    Por Chris Deziel, actualizado el 24 de marzo de 2022

    Alina Utter/Hemera/Getty Images

    Aplicar sal al hielo que entra en contacto con la piel puede producir una quemadura escalofriante. En lugar de una lesión causada por el calor, el daño se debe a la congelación causada por el bajo punto de fusión del hielo.

    Por qué la sal reduce el punto de fusión del hielo

    La sal reduce la temperatura a la que se derrite el hielo, principio que explica por qué las carreteras están saladas en invierno y por qué el punto de congelación de una mezcla de agua y sal es de 32°F en la escala Fahrenheit, mientras que para el agua pura es de 0°C. Los fabricantes de helados tradicionales se basan en este efecto para congelar las natillas en un cubo rodeado por un baño de hielo cargado de sal.

    Cómo la sal reduce la temperatura

    Cuando se añade sal, la concentración de moléculas de agua libres en la fase líquida disminuye, lo que ralentiza el proceso de congelación. El calor latente eliminado del sistema sigue siendo el mismo, por lo que la temperatura debe bajar para compensar. El resultado es un hielo que se siente notablemente más frío contra la piel.

    Cuando el hielo se convierte en un peligro de congelación

    Un cubito de hielo presionado contra la piel mantiene la superficie a aproximadamente 0°C (32°F), lo que puede resultar incómodo pero rara vez provoca congelación. La introducción de una capa de sal puede reducir la temperatura a –21 °C (–6 °F) o menos, un nivel que puede congelar los tejidos de la piel en cuestión de minutos. Cuanto más prolongado sea el contacto, mayor será el riesgo de daño permanente.

    La gravedad de la congelación

    La congelación se clasifica en tres grados:

    • Primer grado: hormigueo y malestar; los síntomas desaparecen después del calentamiento.
    • Segundo grado: se forman ampollas, pero eventualmente sanan.
    • Tercer grado: daño tisular permanente; el área puede volverse negra o amarilla, con pérdida de sensibilidad hasta que se recalienta, seguido de dolor prolongado y posible cicatrización.

    Comprender estos riesgos puede ayudar a prevenir quemaduras accidentales por frío. Para obtener orientación detallada, consulte fuentes acreditadas como la Clínica Mayo o el Servicio Meteorológico Nacional.

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