Por Melissa Mayer, actualizado el 24 de marzo de 2022
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Los plásticos son una de las contribuciones más visibles de la química a la vida cotidiana, desde los dispositivos médicos que salvan vidas hasta los tupperware que mantienen frescas las sobras. Entre los innumerables tipos de plástico, los polímeros termoplásticos destacan por su versatilidad, facilidad de procesamiento y reciclabilidad.
Un polímero es una molécula grande compuesta de unidades estructurales repetidas (llamadas monómeros) que están unidas covalentemente en largas cadenas o redes ramificadas. Los polímeros naturales incluyen almidón, celulosa y caucho, mientras que las variedades sintéticas como el poliéster, el nailon y la mayoría de los plásticos se diseñan en laboratorios y fábricas.
Los polímeros termoplásticos se diferencian de otros plásticos porque las fuerzas que mantienen unidas sus cadenas son en gran medida no covalentes, como las interacciones de van der Waals y los enlaces de hidrógeno. Esto significa que las cadenas de polímero pueden deslizarse unas sobre otras cuando se calientan, lo que permite que el material se ablande y fluya. Cuando la temperatura baja, las cadenas vuelven a bloquearse en su lugar, restaurando la forma del material.
Las ventajas clave incluyen:
Las limitaciones también están presentes. Los termoplásticos pueden ser costosos de fabricar y sus bajos puntos de fusión los hacen inadecuados para aplicaciones de alta temperatura, como sistemas de escape o componentes aeroespaciales que soportan calor extremo.
Los fabricantes seleccionan termoplásticos específicos según los atributos mecánicos, térmicos y químicos requeridos:
En todas las industrias, desde la construcción hasta los bienes de consumo, los polímeros termoplásticos siguen siendo indispensables. Su combinación de rendimiento y reciclabilidad los convierte en una piedra angular de la fabricación moderna y un motor clave en el impulso hacia materiales más sostenibles.