Por Pheori Wiley, actualizado el 24 de marzo de 2022
Las sales son sólidos iónicos, lo que significa que sus iones constituyentes están unidos por fuertes fuerzas electrostáticas. Disolverlos requiere romper estos enlaces y separar los iones.
El índice de polaridad del agua de 9 la convierte en el disolvente más eficaz para compuestos iónicos. Cada molécula de agua rodea un catión o anión, estabilizándolo mediante enlaces de hidrógeno e interacciones electrostáticas, lo que mantiene los iones separados en solución.
Si bien el agua es el disolvente más común, otros líquidos de alta polaridad también pueden disolver ciertas sales. El dimetilsulfóxido (DMSO), con un índice de polaridad de 7,2, es la siguiente mejor alternativa, seguido del etanol (5,2) y la acetona (5,1). Estos disolventes funcionan mejor con sales que son moderadamente solubles en agua o que forman enlaces de hidrógeno más fuertes con el disolvente.
Según la Universidad Purdue, una sal se considera soluble si se puede disolver en agua a temperatura ambiente hasta al menos 0,1 molL⁻¹ y insoluble si la concentración no supera los 0,001 molL⁻¹. Las sales solubles comunes incluyen cloruro de sodio, nitratos, cloruros y sulfatos. Las sales insolubles suelen contener sulfuros, óxidos, hidróxidos, cromatos y fosfatos.
Para obtener datos precisos sobre la solubilidad, consulte la New World Encyclopedia . o Chemical‑Ecology.net base de datos.