Por Melissa Mayer | Actualizado el 30 de agosto de 2022
El aumento de temperatura, el cambio de color, un nuevo olor, la formación de precipitados y las burbujas son signos clásicos de que se está produciendo una reacción química.
Los cambios físicos son reversibles y dejan intacta la identidad química de una sustancia. Implican alteraciones de tamaño, forma, textura o fase; derretir hielo para convertirlo en agua es un ejemplo clásico. Por el contrario, los cambios químicos se rompen y forman enlaces, produciendo nuevas sustancias que no se pueden deshacer simplemente.
El calor liberado espontáneamente cuando dos sustancias se combinan indica una reacción exotérmica. La reacción de la termita, por ejemplo, genera un calor intenso y lanza fuegos artificiales.
Un cambio espontáneo de tono indica la formación de nuevas especies químicas. El hierro expuesto al aire cambia de color gris plateado a óxido marrón rojizo, un marcador visible de oxidación.
La aparición de un olor distintivo que no estaba presente antes de que comenzara la reacción apunta a la formación de nuevas moléculas. El olor acre de un huevo podrido es el resultado de la descomposición irreversible de compuestos que contienen azufre.
Cuando un sólido aparece repentinamente en un líquido, la solución ha sufrido una transformación química. La espuma de jabón, un precipitado insoluble que se forma cuando los minerales del agua dura reaccionan con el jabón, es un ejemplo familiar y familiar.
El burbujeo es una señal vívida de que se está produciendo una reacción. Mezclar vinagre y bicarbonato de sodio produce burbujas de dióxido de carbono, producto de una reacción ácido-base seguida de descomposición.
Aunque distinguir entre cambios físicos y químicos puede parecer inicialmente desalentador, reconocer estos cinco signos observables agiliza el proceso y enriquece su comprensión del comportamiento químico.