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Cuando los anillos de humor debutaron en 1975, desencadenaron un fenómeno cultural que capturó la imaginación del público. En tres meses, los minoristas vendieron 40 millones de anillos, junto con collares y pulseras complementarios. Cada pieza prometía revelar el estado emocional de quien la llevaba a través de una banda o piedra preciosa que cambiaba de color. El verde se comercializó como línea de base, lo que indica neutralidad. El azul sugiere una energía elevada pero tranquila, el violeta indica alegría o pasión intensa, el ámbar representa sentimientos encontrados, el gris denota ansiedad y el negro implica tensión o nerviosismo elevado.
Contrariamente a la creencia popular, los anillos nunca pretendieron leer la mente. Los inventores Josh Reynolds y Maris Ambats crearon el anillo de humor original incorporando cristales líquidos termocrómicos entre una banda de metal y una capa de plástico o vidrio transparente. La estructura molecular de los cristales cambia con la temperatura, alterando la forma en que reflejan la luz y cambiando así el tono del anillo. Debido a que la temperatura corporal fluctúa con la excitación emocional, los anillos pueden ofrecer una señal visual aproximada sobre el estado de ánimo, aunque la ciencia no es definitiva.
Los cambios de color en un anillo del estado de ánimo están directamente relacionados con la temperatura de la piel del usuario. A temperaturas corporales típicas (alrededor de 98,6 °F), los cristales muestran una fase verde neutra. Las temperaturas más bajas, a menudo cuando el anillo no se usa, hacen que la banda se vuelva gris o negra. Las temperaturas elevadas cambian el color hacia el azul o el violeta, lo que refleja una mayor actividad nerviosa simpática asociada con la excitación o la pasión.
Esta relación entre temperatura y estado de ánimo tiene una base biológica. El hipotálamo regula la temperatura corporal y también influye en los estados emocionales. El estrés activa el sistema nervioso simpático, desviando sangre a los órganos centrales y enfriando la piel, mientras que una mayor excitación libera adrenalina, dilatando los capilares y calentando las extremidades. Estas respuestas fisiológicas explican por qué un anillo del estado de ánimo puede oscurecerse durante el estrés y aclararse durante la excitación.
Sin embargo, el sistema es imperfecto. Muchos factores externos, como la temperatura ambiente, la actividad física o las diferencias metabólicas individuales, pueden afectar la temperatura de la piel independientemente del estado de ánimo. Además, la experiencia emocional es muy individualizada y una señal de color universal no puede captar ese matiz. En consecuencia, si bien los anillos del estado de ánimo ofrecen una visión fascinante de la intersección de la física y la fisiología, no deben tomarse como una herramienta psicológica precisa.