1. Regulación del transporte: La membrana plasmática actúa como una barrera selectiva, controlando el movimiento de sustancias dentro y fuera de la célula. Esto es crucial para mantener el entorno interno de la célula, asegurando que se tomen nutrientes esenciales, se eliminan los productos de desecho y se mantiene el equilibrio adecuado de los iones. Esta regulación se logra a través de varios mecanismos como la difusión, la ósmosis, el transporte activo y la endocitosis/exocitosis.
2. Señalización y comunicación de células: La membrana plasmática se tacha con receptores que se unen a moléculas específicas fuera de la célula. Esta unión desencadena una cadena de eventos dentro de la célula, lo que lleva a diversas respuestas como cambios en la expresión génica, actividad de proteínas o movimiento celular. Esta capacidad de detectar y responder a su entorno permite que la célula interactúe con otras células, reciba señales de hormonas y neurotransmisores y se adapte a las condiciones cambiantes.
Estas dos funciones están interconectadas, ya que la capacidad de regular el transporte es esencial para que la célula reciba y responda a las señales de su entorno. La membrana plasmática es, por lo tanto, una estructura dinámica y esencial que juega un papel crítico en la supervivencia y la función de todas las células.