Por John Brennan
Actualizado el 30 de agosto de 2022
Cada año, Estados Unidos registra más de mil millones de casos de resfriado común. Si bien el nombre implica una sola enfermedad, en realidad es una colección de más de 200 virus distintos que comparten un sitio de infección común, generalmente la nariz y la garganta. Cada virus tiene su propia historia evolutiva.
Los virus secuestran las células huésped para replicarse, pero el proceso de replicación es propenso a errores. Estos errores introducen mutaciones, creando diversidad genética dentro de una población viral. Cuando varias cepas infectan la misma célula, puede ocurrir una recombinación, lo que altera aún más el material genético. Tanto los rinovirus como los coronavirus exhiben altas tasas de mutación, lo que permite la rápida aparición de nuevas cepas.
En 2009, investigadores del Instituto J. Craig Venter y la Universidad de Wisconsin publicaron genomas completos de las 99 cepas de rinovirus humanos. El análisis de estos datos reveló una especie no reconocida previamente, HRV-D, al tiempo que muestra que HRV-A y HRV-C comparten una ascendencia más cercana y están estrechamente relacionados con HRV-B. Los rinovirus son genéticamente más cercanos a los enterovirus humanos, que infectan principalmente el tracto gastrointestinal. La evidencia actual sugiere un ancestro común entre los rinovirus y los enterovirus, aunque el momento exacto de la divergencia aún no está claro.
Un estudio de 2008 publicado en el Journal of Virology comparó metapneumovirus humanos y aviares y encontró un fuerte vínculo genético. Los datos implican que la cepa aviar pasó a los humanos hace aproximadamente 200 años, convirtiéndose en el metapneumovirus humano responsable de los síntomas del resfriado.
La investigación sobre la evolución del coronavirus se vio impulsada por el brote de SARS de 2003. Un estudio de 2007 en el Journal of Virology indica que los linajes modernos de coronavirus probablemente se originaron a partir de un ancestro común que infectaba a los murciélagos, antes de extenderse a otras especies, incluidos los humanos. Esta vía zoonótica explica la diversidad de coronavirus que contribuyen al resfriado común.