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En los últimos años, las suculentas han ganado popularidad y se han convertido en las plantas de interior por excelencia de los millennials. Estas plantas tolerantes a la sequía, originarias de regiones áridas de África y América, requieren agua y mantenimiento mínimos, lo que las hace ideales para los entusiastas de las plantas que cuidan su presupuesto.
Aprovechando esta tendencia, un equipo de la Universidad Agrícola del Sur de China publicó un estudio innovador en agosto de 2025 en la revista Matter, que demuestra cómo hicieron que la popular suculenta Echeveria “Mebina” brillara en la oscuridad.
En lugar de editar el genoma de la planta, los investigadores inyectaron en las hojas nanopartículas de aluminato de estroncio (SrAl2O4), un fósforo comúnmente utilizado en juguetes que brillan en la oscuridad. Cuando se expone a la luz, el SrAl2O4 absorbe fotones y luego los libera lentamente en forma de un brillo de baja intensidad. El efecto requiere un codopante, típicamente europio, para producir un brillo prolongado que puede durar varias horas.
El equipo experimentó con varias especies y descubrió que los espacios intercelulares de Echeveria “Mebina” proporcionan una matriz ideal para distribuir y retener las partículas de fósforo. Como resultado, crearon plantas que emiten tonos verdes, naranjas, rojos, azules e incluso arcoíris. Después de solo unos minutos bajo la luz solar directa, las plantas se pueden cargar y luego brillar por hasta dos horas, con la capacidad de recargarse rápidamente una vez que el brillo se desvanece.
Si bien el concepto de plantas vivas que emiten luz es atractivo, persisten limitaciones prácticas. Las plantas todavía dependen de la luz solar directa para cargarse y su brillo es relativamente débil en comparación con las bombillas eléctricas. Además, los efectos a largo plazo de la introducción de nanopartículas de fósforo inorgánico en los tejidos vegetales siguen siendo inciertos.
En 2020, los investigadores modificaron genéticamente plantas de tabaco para expresar genes bioluminiscentes de los hongos, produciendo un brillo verde. Sin embargo, esos intentos requirieron una edición compleja del genoma y produjeron un solo color. El método de nanopartículas evita la manipulación genética y ofrece múltiples colores, aunque la salida de luz sigue siendo más tenue que la iluminación convencional.
No obstante, estas suculentas brillantes abren una vía fascinante para la investigación en la intersección de la horticultura, la nanotecnología y la iluminación. A medida que los científicos perfeccionen la técnica y evalúen la seguridad, es posible que algún día veamos plantas bioluminiscentes que complementen o incluso reemplacen la iluminación tradicional en entornos especializados.