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  • La ciencia detrás de las mariposas en el estómago

    Yazgi Bayram/Getty Images

    Cuando sentimos ese aleteo de emoción, muchos de nosotros decimos que tenemos "mariposas en el estómago". Si bien el origen de la frase es incierto, entró en uso común a principios del siglo XX y apareció por primera vez en una publicación de 1908. En realidad, esta sensación es una respuesta neurobiológica, no mística. Surge del eje intestino-cerebro, un diálogo continuo entre el sistema nervioso central (cerebro y médula espinal) y el sistema digestivo.

    Lo que hace que esta conexión sea notable es la gran cantidad de neuronas que residen en el intestino:más de 160 millones, aproximadamente comparable a los 200 millones de neuronas de la médula espinal. Esta compleja red, conocida como sistema nervioso entérico o "segundo cerebro", organiza muchas funciones autónomas y se comunica directamente con el cerebro.

    Un actor clave en el eje intestino-cerebro es el microbioma intestinal, la comunidad de microorganismos (principalmente bacterias) que habitan nuestros intestinos. Investigaciones recientes muestran que estos microbios ayudan a regular las respuestas al estrés y, a su vez, el estrés puede alterar la composición del microbioma. Esta relación bidireccional puede explicar por qué ciertas bacterias intestinales, como los estreptococos, están relacionadas con niveles más altos de ansiedad.

    El eje intestino-cerebro bajo estrés

    Jdawnink/Getty Images

    Durante los momentos estresantes, el sistema nervioso simpático se activa, lo que desencadena una respuesta de "lucha o huida". Hormonas como la adrenalina (epinefrina) y la noradrenalina (norepinefrina) desvían la atención del cuerpo de la digestión para prepararse para la acción inmediata. Algunos científicos creen que el aumento hormonal y su impacto en el equilibrio microbiano intestinal producen la característica sensación de mariposa.

    Las alteraciones en la composición del microbioma intestinal están implicadas en varias afecciones neurológicas, incluidos los trastornos de ansiedad. Existen fuertes asociaciones entre la ansiedad y los problemas gastrointestinales crónicos, como el síndrome del intestino irritable, y se ha observado una falta de diversidad microbiana en personas ansiosas. Se han identificado ciertas bacterias intestinales como posibles contribuyentes al aumento de la ansiedad.

    Si bien una excitación nerviosa leve, como la que se experimenta en torno a una persona que nos gusta, es normal, el estrés crónico o intenso puede interferir con el funcionamiento diario. Si nota molestias persistentes en el intestino u otros síntomas fisiológicos, es aconsejable consultar a un profesional de la salud y considerar estrategias de reducción del estrés.




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