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  • Crujir los nudillos:lo que dice la ciencia sobre su impacto en la salud

    Fotostorm/Getty Images

    Durante décadas, muchas personas creyeron que hacer crujir los nudillos podía provocar artritis. Sin embargo, investigaciones recientes no muestran ningún vínculo directo entre el hábito y el daño articular. La razón por la que la gente sigue haciendo crujir sus nudillos se debe en gran medida a la sensación inmediata de alivio y satisfacción que proporciona la acción, así como a la dificultad de romper con hábitos arraigados.

    Qué causa que las articulaciones se agrieten

    Itsmejust/Getty Images

    El chasquido distintivo que se escucha cuando se rompe una articulación proviene de las burbujas de gas que estallan dentro del líquido sinovial que lubrica la articulación. Cada articulación está encerrada en una cápsula resistente que, cuando se estira, reduce la presión en el interior y permite que los gases disueltos formen burbujas. Cuando estas burbujas alcanzan un tamaño crítico, explotan y producen el sonido familiar.

    Debido a que la cápsula articular es robusta, los crujidos ocasionales rara vez dañan la articulación misma. No obstante, existen riesgos potenciales. Por ejemplo, torcer los dedos para forzar un crujido puede tensar tendones y ligamentos, y manipular las articulaciones del cuello o la columna conlleva un mayor riesgo de lesión nerviosa o vascular. Algunos estudios han informado de hinchazón transitoria de la mano y una ligera reducción en la fuerza de agarre entre quienes hacen crujir los nudillos habitualmente, mientras que otras investigaciones no encontraron cambios mensurables en la fuerza.

    Por qué y cómo romper con el hábito

    Aunque la ciencia no respalda un vínculo con la artritis, muchas personas desean dejar de hacerlo por razones prácticas:los estallidos persistentes pueden ser perjudiciales para los demás y el dolor ocasional puede indicar un problema subyacente. Abordar los factores subyacentes (ya sea tensión, estrés o un deseo de mayor movilidad) a menudo ayuda a frenar el hábito.

    Las estrategias prácticas incluyen ajustes ergonómicos en el trabajo, consultar a un fisioterapeuta para obtener orientación sobre la postura y la flexibilidad, y reemplazar la sensación de crujido con alternativas como herramientas inquietas o pelotas antiestrés. La perseverancia es clave y, para algunos, puede ser necesario el apoyo profesional para revertir el hábito por completo.

    En resumen, es poco probable que crujir los nudillos cause artritis, pero su comodidad psicológica y física puede convertirlo en un hábito difícil de abandonar.




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