1. Sustrato: Esta es la molécula específica sobre la que actúa la enzima. Las enzimas son altamente específicas, lo que significa que cada enzima típicamente solo se une e interactúa con uno o un número muy pequeño de sustratos.
2. Temperatura óptima y pH: Las enzimas tienen un rango óptimo de temperatura y pH en el que mejor funcionan. Fuera de este rango, su actividad disminuye.
3. Cofactores: Algunas enzimas requieren moléculas no proteínas adicionales llamadas cofactores para funcionar correctamente. Estos pueden ser:
* iones metálicos: Hierro, zinc, magnesio, etc.
* coenzimas: Moléculas orgánicas como vitaminas o sus derivados.
4. Conformación adecuada: Las enzimas son proteínas con una forma tridimensional específica. Esta forma es esencial para su actividad, ya que les permite unirse al sustrato y catalizar la reacción.
5. Ausencia de inhibidores: Los inhibidores son moléculas que pueden unirse a una enzima y disminuir su actividad. Estos pueden ser competitivos, no competitivos o poco competitivos.
Aquí hay una forma simplificada de pensarlo:
Imagine una enzima como cerradura y el sustrato como llave. Para que el bloqueo funcione (para que la enzima funcione), necesita la tecla correcta (sustrato) para encajar en ella. Además, el entorno debe ser adecuado (temperatura óptima y pH) y no puede haber ninguna llave atascada (inhibidores) en la cerradura.
En resumen, las enzimas necesitan el sustrato derecho, el entorno correcto y, a menudo, moléculas adicionales (cofactores) para funcionar de manera eficiente.