1. Daño directo:
* Toxins: Muchas bacterias patógenas producen toxinas que dañan directamente las células y tejidos huéspedes. Estas toxinas se pueden clasificar como:
* Exotoxinas: Secretado por bacterias en el entorno circundante. Pueden dañar las células, interferir con las funciones celulares o desencadenar respuestas inmunes que conducen al daño tisular.
* endotoxinas: Parte de la pared celular bacteriana (específicamente lipopolisacárido en bacterias gramnegativas). Liberado cuando las bacterias mueren o se descomponen, desencadenando una fuerte respuesta inmune que puede conducir a la inflamación, la fiebre e incluso el shock.
* Invasión y replicación: Algunas bacterias invaden directamente las células huésped y se replican dentro de ellas, causando lisis celular (explosión) y daño tisular.
2. Daño indirecto:
* Respuesta inmune: La presencia de bacterias puede desencadenar una respuesta inmune que, aunque está destinada a combatir la infección, también puede causar daño a los tejidos circundantes. Esto a menudo se ve en casos de inflamación y sepsis.
* Interferencia con la función normal: Algunas bacterias pueden interferir con las funciones corporales normales compitiendo por nutrientes, produciendo sustancias que bloquean la absorción de nutrientes o alterando la composición del microbioma intestinal.
Es importante tener en cuenta que los mecanismos específicos de daño pueden variar según el tipo de bacterias, el sistema inmune del huésped y otros factores. Por lo tanto, si bien podemos clasificar los efectos en daño directo e indirecto, la realidad es más compleja y multifacética.