Aquí hay tres ejemplos de los tipos de evidencia que los científicos usan para apoyar la teoría de la evolución:
1. Registro fósil: Los fósiles proporcionan un registro directo de formas de vida pasadas y sus cambios con el tiempo. Vemos transiciones claras en el registro fósil, que muestran cómo los organismos evolucionaron de formas más simples a más complejas. Por ejemplo, la transición de los mamíferos terrestres a las ballenas se puede rastrear a través de fósiles con adaptaciones progresivamente más acuáticas.
2. Anatomía comparativa: Las similitudes en la anatomía de diferentes organismos, especialmente aquellos que comparten un antepasado común, proporcionan una fuerte evidencia de evolución. Por ejemplo, las extremidades anteriores de humanos, murciélagos, ballenas y cocodrilos tienen estructuras óseas muy similares, lo que sugiere un origen evolutivo común. Esto se llama estructuras homólogas.
3. Evidencia de ADN: La biología molecular ha proporcionado evidencia poderosa para la evolución. La similitud de las secuencias de ADN entre diferentes especies refleja sus relaciones evolutivas. Por ejemplo, los humanos comparten alrededor del 98.8% de su ADN con chimpancés, lo que indica una estrecha relación evolutiva. Esta similitud genética respalda la idea de que toda la vida en la tierra comparte un antepasado común.
Es importante recordar que esta es solo una pequeña muestra de la evidencia que respalda la teoría de la evolución. Hay muchas otras líneas de evidencia, como biogeografía, embriología y selección artificial, que contribuyen a nuestra comprensión de cómo la vida ha evolucionado en la Tierra.