Un ejemplo perfecto de evolución como proceso de remodelación es el desarrollo del ojo. Si bien vemos el órgano complejo y sensible a la luz que tenemos hoy, no siempre fue así. La evolución tomó un parche de células simple y sensible a la luz y, durante millones de años, lo remodeló a la maravilla de la visión que experimentamos.
Así es como sucedió:
1. El punto de partida: Los organismos tempranos de una sola célula tenían parches simples sensibles a la luz en su superficie. Estos parches podrían sentir la diferencia entre la luz y la oscuridad, ayudándoles a moverse hacia o lejos de las fuentes de luz.
2. Los primeros pasos: Con el tiempo, estos parches se enviaron, formando una forma de copa. Esto les permitió detectar la dirección de la luz con mayor precisión, una forma rudimentaria de "ver".
3. Refinamiento y complejidad: La estructura similar a la copa continuó evolucionando. Desarrolló una lente para enfocar la luz y una retina para recibir y procesar las señales de luz.
4. Especialización: A través de la selección natural, diferentes organismos desarrollaron adaptaciones específicas a sus entornos. Algunos desarrollaron los ojos más adecuados para la visión submarina, mientras que otros se centraron en la vista aguda para cazar o evitar depredadores.
El proceso de remodelación: Cada paso en este proceso implicó cambios en la estructura existente. El parche sensible a la luz no fue reemplazado; Fue modificado, expandido e integrado en un sistema más complejo. Este proceso de remodelación, guiado por la selección natural, resultó en los ojos intrincados y diversos que vemos hoy en el reino animal.
La importancia: Este ejemplo ilustra que la evolución no se trata de crear algo completamente nuevo desde cero. Es un proceso de tomar estructuras existentes y modificarlas durante generaciones para adaptarse mejor a los entornos cambiantes. Este proceso de remodelación permite mejoras graduales y el desarrollo de órganos altamente especializados como el ojo humano.