Por Ezmeralda Lee • Actualizado el 30 de agosto de 2022
Los vientos solares son corrientes de partículas cargadas (principalmente electrones y protones) expulsadas de la atmósfera exterior del Sol. Viajan a aproximadamente 400 kilómetros⁻¹ y pueden alcanzar velocidades de varios cientos de kilómetros por segundo. Cuando encuentran la magnetosfera de la Tierra, la mayoría se desvía, pero una fracción penetra el escudo magnético, generando tormentas geomagnéticas.
La interacción de las partículas del viento solar con la atmósfera superior crea las espectaculares auroras que se ven en latitudes altas:la aurora boreal en el norte y la aurora austral en el sur. Estos despliegues luminosos son la huella visible de la influencia del Sol en la Tierra.
En 1989, una grave tormenta geomagnética destruyó la red eléctrica de Hydro-Québec, dejando a millones de personas sin electricidad durante nueve horas. El mismo suceso afectó a los microchips de las computadoras y detuvo las operaciones en la Bolsa de Valores de Toronto. Una perturbación geomagnética en 1998 dañó los archivos de respaldo del satélite Galaxy, inhabilitando temporalmente el servicio a 45 millones de buscapersonas.
Las agencias espaciales modernas monitorean la actividad solar con satélites como el Observatorio de Dinámica Solar y la serie GOES. Las empresas de energía emplean dispositivos de protección y protocolos operativos para proteger las redes de las corrientes inducidas. La investigación continua sobre física solar y predicción del clima espacial es esencial para salvaguardar la infraestructura crítica.