¿Alguna vez te has preguntado qué tan caliente o frío es realmente el espacio? Mientras la atmósfera de la Tierra se desvanece gradualmente en el vacío, el punto donde el vuelo pasa de atmosférico a orbital es la línea de Kármán, a 100 kilómetros (62 millas) sobre el nivel del mar. Esta altitud marca el inicio de la termosfera, la capa donde las temperaturas pueden elevarse a miles de grados o caer a mínimos extremos.
En 2021, investigadores de la Universidad de Bremen en Alemania enfriaron una muestra de gas a 38 billones de grados por encima del cero absoluto, un récord que eclipsa incluso a la Nebulosa Boomerang, el punto más frío que los astrónomos han medido a solo 1 K por encima del cero absoluto.
La termosfera no está protegida de la radiación solar. Dependiendo de la actividad solar y del ciclo día-noche, su temperatura fluctúa enormemente. En el lado iluminado por el sol, puede alcanzar más de 3600 °F (≈2000 °C), mientras que las regiones sombreadas pueden descender a –184 °F (≈–120 °C). Las erupciones solares pueden aumentar las temperaturas hasta 930 °F en ráfagas cortas.
A aproximadamente 400 km de altitud, la densidad del aire promedia sólo 2 g por kilómetro cúbico (≈0,3 oz por milla cúbica). Este gas escaso no puede conducir el calor, por lo que el cuerpo humano sentiría un frío helado. Sin embargo, el vacío permite que los fluidos corporales hiervan y los fotones de alta energía del Sol pueden quemar la piel expuesta. En resumen, el espacio cerca de la Tierra está helado y abrasador al mismo tiempo.
El lado de la Tierra que mira al Sol suele ser unos 360°F más caliente que el lado nocturno. Esta diferencia de temperatura diurna contribuye a los dramáticos cambios observados en la línea de Kármán.
Estos extremos ilustran por qué el espacio, aunque aparentemente un vacío silencioso, es un entorno hostil, gobernado por la energía implacable de nuestra estrella y la delgadez de la atmósfera superior de la Tierra.