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En las escalas más pequeñas, la realidad física desafía la intuición cotidiana. La mecánica cuántica es nuestro marco más fiable para explicar cómo se comportan los átomos y las partículas subatómicas. Cuando se combina con la teoría de campos, pinta un cuadro en el que campos vastos y siempre presentes (muy parecidos a los campos eléctricos y magnéticos) dan lugar a las partículas que constituyen la materia. En esta imagen, el modelo estándar describe 12 campos de materia y cuatro campos de fuerza; estos últimos representan interacciones electromagnéticas, débiles, fuertes y gravitacionales. Si bien las tres primeras fuerzas están integradas en el modelo, la gravedad sigue siendo un caso atípico.
El gran avance de Einstein se produjo con la relatividad general, que identificó la gravedad no como una fuerza sino como la curvatura del espacio-tiempo mismo. Conciliar esta visión geométrica con la naturaleza probabilística de la teoría cuántica ha sido un desafío de larga data. Por ahora, aún es difícil lograr una teoría cuántica completa de la gravedad, pero el progreso experimental se está acelerando.
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La relatividad general falla en concentraciones de masa cercanas a las extremas, como los agujeros negros, lo que sugiere que se requiere una teoría más profunda, una que unifique la mecánica cuántica con la gravedad. Los investigadores del MIT son pioneros en pruebas experimentales que podrían investigar los aspectos cuánticos de la gravedad, y los láseres desempeñan un papel central en su enfoque.
El primer artículo del equipo, "Enfriamiento láser activo de un oscilador torsional de escala centimétrica", se publicó en Optica. Informa del exitoso enfriamiento por láser de un oscilador torsional de un centímetro de largo (un dispositivo utilizado tradicionalmente en mediciones de precisión de la gravedad) desde la temperatura ambiente hasta 10 mK (una milésima de kelvin). Este enfriamiento hace que el oscilador sea compatible con los cuánticos y al mismo tiempo preserva su tamaño macroscópico, lo que lo convierte en un banco de pruebas ideal para estudiar la interacción de la gravedad con los sistemas cuánticos.
Lo que distingue a este trabajo es la fusión de dos métodos distintos basados en láser. El enfriamiento por láser de gases atómicos se ha establecido desde hace mucho tiempo, pero aplicar el mismo principio a un oscilador mecánico de este tamaño no tiene precedentes. Este avance abre la puerta a experimentos que podrían observar directamente la firma cuántica de la gravedad.
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En el experimento, los investigadores utilizaron una palanca óptica reflejada. Las técnicas de palanca óptica convencionales iluminan un espejo con un láser y detectan cambios angulares diminutos a través del haz reflejado. Sin embargo, las perturbaciones ambientales (corrientes de aire, vibraciones mecánicas o imperfecciones ópticas) a menudo se disfrazan de movimientos falsos.
Al emplear un nivel óptico reflejado (esencialmente un haz de contrapropagación que refleja el original), el ruido de estas perturbaciones se cancela de manera efectiva. Cuando los dos haces convergen en el detector, se suprime la fluctuación de factores externos, dejando una señal limpia desde el propio oscilador. Esta configuración de doble haz redujo el ruido en un factor de mil, lo que permitió la detección de movimiento con una precisión sin precedentes.
En esta etapa, el equipo puede medir las oscilaciones con una sensibilidad diez veces más fina que las fluctuaciones cuánticas del punto cero del dispositivo. Si bien se trata de un logro notable, se requiere un mayor perfeccionamiento para probar directamente la naturaleza cuántica de la gravedad. El siguiente paso implica mejorar la interacción óptica para que dos osciladores torsionales puedan interactuar exclusivamente a través de su atracción gravitacional mutua, una configuración que finalmente podría revelar si la gravedad se comporta de manera mecánica cuántica.
A medida que avanza la investigación, los científicos del MIT están preparados para ampliar los límites de la medición de precisión, proporcionando potencialmente la primera evidencia experimental de que la gravedad es de hecho una fuerza cuántica.