GetUpStudio/iStock/GettyImages
Los hábitos diarios pueden provocar un desperdicio innecesario de energía, lo que supone un coste tanto para su presupuesto como para el medio ambiente. La mayor parte de la energía doméstica se consume en dispositivos eléctricos, iluminación, transporte y calefacción o refrigeración. Al adoptar algunas estrategias prácticas, puede reducir el consumo, reducir las facturas y contribuir a un planeta más saludable.
Los sistemas de calefacción y refrigeración suelen ser los que más consumen energía en un hogar. Si bien muchas personas se centran en la iluminación, el agua y la calefacción en realidad representan casi el 63% del uso típico de energía en el hogar, mientras que la iluminación representa solo alrededor del 6%. Los ajustes simples pueden generar ahorros sustanciales:ajuste el termostato de su caldera unos grados más bajo y póngase capas de ropa para mantenerse abrigado; instale un termostato programable para reducir el uso cuando esté fuera o durmiendo; agregue cortinas aislantes para mantener el calor afuera en verano y adentro durante el invierno; baje la temperatura del calentador de agua unos pocos grados; y considere una auditoría energética profesional para descubrir oportunidades de eficiencia adicionales.
Los electrodomésticos consumen energía solo cuando están encendidos, por lo que apagarlos o desconectar los dispositivos inactivos elimina el consumo fantasma. Opte por productos aprobados por EnergyStar cuando pueda. El zumbido constante de los dispositivos es una norma cultural, pero un momento de silencio a menudo revela cuánto poder están usando silenciosamente.
Cada nuevo aparato eléctrico implica energía procedente de la producción, el transporte, el funcionamiento y la eliminación. Antes de añadir otro dispositivo a tu hogar, evalúa si realmente es necesario. Simplemente no comprar, evitas todos esos costos de energía asociados.
Muchas tareas cotidianas se pueden realizar manualmente, ahorrando energía y espacio. Utilice un cuchillo de mano o una tabla de cortar en lugar de un procesador de alimentos; ir al trabajo en bicicleta para estar en forma y ahorrar combustible; lavar los platos a mano para reducir los ciclos del lavavajillas; dejar secar el cabello al sol; secar la ropa al aire libre o en una rejilla interior; jugar juegos al aire libre con la familia en lugar de videojuegos de interior; y lea un libro en papel, sin necesidad de pilas.
Organice los recados por ubicación y combínelos en viajes únicos para reducir el consumo de combustible y el tiempo. Por ejemplo, recoja la ropa de la tintorería y luego diríjase a una farmacia cercana para comprar pasta de dientes o medicamentos. Compre alimentos en un viaje por semana en lugar de conducir a la tienda cada pocos días. Con el tiempo, estos hábitos se convierten en algo natural, lo que reduce aún más tus costos de energía.