Por Jo Pick | Actualizado el 24 de marzo de 2022
Los átomos poseen polos norte y sur microscópicos, al igual que el campo magnético de la Tierra. En la mayoría de los materiales, estos polos apuntan en direcciones aleatorias, por lo que el material sigue siendo no magnético. Cuando los polos atómicos se alinean, como se puede lograr con una corriente eléctrica, la sustancia exhibe un campo magnético neto.
El ejemplo por excelencia es el electroimán montado en una grúa que levanta toneladas de automóviles y chatarra. Al encender la corriente, el núcleo de hierro se convierte en un imán; apagarlo lo desmagnetiza. Las aplicaciones cotidianas más pequeñas incluyen imanes de timbre, que accionan un percutor para hacer sonar el timbre, y los conos de altavoz electromagnéticos que reproducen el sonido al vibrar en respuesta a una corriente impulsada por audio.
Los motores eléctricos convierten los campos magnéticos alternos en movimiento de rotación. Una corriente variable produce campos magnéticos fluctuantes que ejercen un par en el rotor del motor. Los motores son parte integral de prácticamente todos los sistemas mecánicos, desde motores de automóviles y electrodomésticos hasta unidades de disco duro de computadoras y puertas automáticas de comercios minoristas.
Los medios magnéticos registran datos magnetizando pequeñas regiones de una superficie. Un cabezal de lectura/escritura (esencialmente un electroimán en miniatura) crea un pulso magnético que escribe un bit; cuando el cabezal pasa por el mismo punto, el campo inducido genera un voltaje que la computadora interpreta como datos. Debido a que la cabeza no toca físicamente el medio, la lectura y la escritura ocurren a velocidades muy altas.
Los trenes Maglev aprovechan la repulsión magnética para flotar sobre los rieles, eliminando la fricción mecánica. Este principio, derivado de la misma física que subyace a las unidades de disco duro, permite que trenes como el Shinkansen japonés alcancen velocidades notables manteniendo al mismo tiempo rutas precisas y de vía única.
Desde grúas industriales hasta trenes de alta velocidad, los campos magnéticos son la fuerza invisible que impulsa muchos de los avances tecnológicos actuales.