Por Chris Sherwood, actualizado el 24 de marzo de 2022
El gas natural ha eclipsado constantemente las opciones energéticas domésticas más antiguas, como el petróleo y la electricidad, en muchas zonas residenciales nuevas y existentes. Su creciente infraestructura, junto con su perfil de combustión más limpia, lo convierte en la opción preferida para hogares y empresas modernas.
El gas natural se puede encontrar en yacimientos de gas exclusivos o ubicado junto a campos petroleros. Los depósitos de gas independientes suelen ofrecer suministros más prolongados y fiables y, a menudo, las empresas de energía les dan prioridad.
Los depósitos generalmente se clasifican como convencionales o profundo . Los campos convencionales se encuentran más cerca de la superficie y son accesibles con equipos de perforación estándar. Por el contrario, los yacimientos profundos pueden tener hasta 15.000 pies de profundidad, lo que exige equipos más sofisticados y costos más altos.
Las plataformas de perforación penetran las capas de la tierra hasta llegar al depósito. Una vez que se completa el pozo, se inyectan fluidos a alta presión para mantener el gas en estado líquido, lo que permite una recuperación eficiente.
Para trasladar el gas desde el subsuelo a las instalaciones de procesamiento, se enfría (comúnmente con nitrógeno líquido) para convertirlo en líquido (GNL). Luego, las bombas transportan el GNL a tanques de almacenamiento o directamente a la red, donde se regasifica para su distribución.
En las centrales eléctricas, el gas natural alimenta los quemadores que producen calor. El calor convierte el agua en vapor, que impulsa turbinas conectadas a generadores. Este proceso produce electricidad con emisiones de gases de efecto invernadero significativamente menores en comparación con el carbón o el petróleo.
Si bien el gas natural es más limpio que muchos combustibles fósiles, la extracción y el procesamiento aún requieren protocolos de seguridad y monitoreo rigurosos para evitar fugas y mitigar el impacto ambiental. Las agencias reguladoras imponen estándares estrictos para proteger la salud pública y el planeta.