Por Patrick Armstrong Actualizado el 24 de marzo de 2022
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La vida en la Tierra comenzó hace más de 3.700 millones de años con la aparición de los procariotas, los organismos unicelulares más simples y sin núcleo. Aunque diminutos, son la forma de vida más abundante del planeta y superan en número a todos los demás organismos en órdenes de magnitud. Su legado evolutivo está entretejido en cada faceta de la biosfera de la Tierra, desde el aire que respiramos hasta los alimentos que comemos y la salud de cada organismo vivo.
Las cianobacterias, los primeros procariotas fotosintéticos, comenzaron a generar oxígeno hace unos 2.500 millones de años. Aprovechando la luz solar y los minerales de los océanos primordiales, produjeron oxígeno como subproducto metabólico, un gas inicialmente tóxico que se acumuló gradualmente en la atmósfera y los océanos. Este "Gran Evento de Oxigenación" preparó el escenario para la vida aeróbica, transformando la química del planeta y permitiendo la evolución de organismos multicelulares complejos.
Los procariotas son los principales recicladores de la Tierra. Descomponen detritos de plantas y animales, cadáveres descompuestos y desechos excretados, descomponiendo moléculas orgánicas complejas en nutrientes simples. Estos nutrientes regresan al suelo, sosteniendo el crecimiento de las plantas y cerrando el ciclo de nutrientes. Sorprendentemente, ciertas especies bacterianas pueden degradar los hidrocarburos; por ejemplo, metabolizaron rápidamente el petróleo del derrame de Deepwater Horizon de 2010, lo que demuestra su potencial de remediación ambiental.
Muchas de nuestras comidas favoritas deben su existencia a la fermentación procariótica. Las levaduras y bacterias producen ácido láctico, alcohol y otros metabolitos que conservan los alimentos, mejoran el sabor y aumentan el valor nutricional. Desde la cerveza, el vino, el yogur y la masa madre hasta el queso, el vinagre y la salsa de soja, la actividad bacteriana sustenta las tradiciones culinarias globales. Más allá de los alimentos, los procariotas fabrican bioquímicos esenciales como insulina, vitaminas y antibióticos que son vitales para la medicina moderna.
El colon humano alberga una comunidad bacteriana diez veces mayor que el número de células humanas en el cuerpo. Estos microbios digieren carbohidratos complejos, sintetizan vitaminas esenciales (p. ej., vitamina K) y modulan la motilidad intestinal. También entrenan el sistema inmunológico, previniendo el crecimiento excesivo de patógenos y contribuyendo a la salud general. Sin esta asociación simbiótica, la supervivencia humana sería inalcanzable.
Desde el nacimiento, los procariotas colonizan todas las superficies del cuerpo humano, formando un microbioma protector que compite con patógenos dañinos. Esta relación mutualista reduce la carga del sistema inmunológico, permitiéndole centrarse en amenazas virales y células malignas. Las bacterias residentes en la piel actúan como una primera línea de defensa, manteniendo la integridad de la barrera y mejorando la vigilancia inmunológica.