Por Kevin Beck - Actualizado el 24 de marzo de 2022
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El latido del corazón es el recordatorio más vívido del pulso eléctrico de la vida. Desde la jerga médica hasta las metáforas cotidianas, la frase "pulso" connota vitalidad. En medicina de emergencia, la primera prueba de vida es la toma del pulso.
Lo que mantiene el corazón latiendo es la electricidad. Las contracciones rítmicas que bombean sangre 70 veces por minuto (más de 100.000 latidos cada día) provienen de una secuencia coordinada con precisión de movimientos iónicos a través de las membranas de las células cardíacas. Esta secuencia eléctrica se conoce como potencial de acción cardíaco y tradicionalmente se divide en cinco fases distintas.
Un potencial de acción es un cambio rápido y reversible en el potencial de membrana de una célula que se propaga como una onda a lo largo del tejido cardíaco. Las membranas celulares mantienen un gradiente electroquímico mediante bombas de iones:el sodio (Na⁺), el potasio (K⁺) y el calcio (Ca²⁺) se transportan activamente para crear un potencial de reposo de aproximadamente –90 mV en las células contráctiles. Cuando un estímulo desencadena la apertura de canales dependientes de voltaje, el gradiente colapsa y los iones atraviesan la membrana, alterando el potencial de membrana.
Fase 0 – Despolarización
El rápido influjo de Na⁺ a través de los canales rápidos de sodio eleva el potencial de membrana hacia +30 mV. La salida de potasio se reduce temporalmente.
Fase 1 – Repolarización inicial
Los canales rápidos de sodio se cierran, provocando una breve caída en el potencial de membrana a medida que comienzan las corrientes de K⁺ hacia el exterior.
Fase 2 – Meseta
Las corrientes entrantes de Ca²⁺ equilibran las corrientes salientes de K⁺, estabilizando el potencial de membrana y manteniendo la despolarización. Esta meseta sostiene la fuerza de contracción.
Fase 3 – Repolarización
El cierre de los canales de calcio y sodio permite que K⁺ domine, haciendo que el potencial regrese al nivel de reposo.
Fase 4 – Potencial de reposo
La celda reposa a –90 mV, mantenida por la bomba Na⁺/K⁺. Esta fase es la más larga y ocupa la mayor parte del ciclo de potencial de acción de 300 ms.
El músculo cardíaco, o miocardio, comprende células contráctiles que bombean sangre y una fracción más pequeña de células conductoras que propagan el potencial de acción. Las células marcapasos generan despolarizaciones espontáneas, otorgando al corazón su autorritmicidad. Las entradas simpáticas, parasimpáticas y hormonales modulan la frecuencia cardíaca, pero la dinámica iónica subyacente permanece constante.
Durante la diástole, el miocardio se relaja. En la fase 4, una ligera despolarización a aproximadamente –65 mV inicia un circuito de retroalimentación positiva que abre canales de Na⁺ dependientes de voltaje, lo que desencadena la fase 0 y la siguiente contracción.
La meseta de la Fase 2 se sustenta en un delicado equilibrio:corrientes entrantes de Na⁺ y Ca²⁺ versus corrientes rectificadoras de K⁺ salientes. Este equilibrio no sólo sostiene el potencial de acción sino que también asegura una entrada suficiente de Ca²⁺ para activar las proteínas contráctiles.
A diferencia de los potenciales de acción nerviosos, los potenciales cardíacos son marcadamente más largos, lo que prolonga el período refractario. Este diseño previene las contracciones tetánicas y garantiza latidos cardíacos coordinados que mantienen la vida, incluso a frecuencias elevadas.