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En biología, la evolución es la acumulación de cambios genéticos en una población a lo largo de generaciones sucesivas. Estos cambios surgen de alteraciones en la secuencia del ADN:nuevos genes, nuevos rasgos y, finalmente, nuevas especies. Entre los mecanismos que generan el cambio evolutivo, la selección natural es la fuerza más poderosa que da forma a la diversidad de la vida.
Durante la división celular, la maquinaria de replicación copia el ADN. Aunque el proceso es notablemente preciso, se producen errores que producen mutaciones en una o ambas células hijas. Estas alteraciones genéticas crean la materia prima para la variación dentro de una población. Incluso los organismos que comparten un ancestro común muestran secuencias de ADN distintas porque las mutaciones, junto con la reproducción sexual, generan diversidad continuamente.
Cuando las condiciones ambientales favorecen ciertos rasgos, los individuos que los poseen tienden a sobrevivir más tiempo y reproducirse con mayor éxito. Las mutaciones ventajosas que portan se vuelven más prevalentes en el acervo genético con el tiempo, mientras que las mutaciones perjudiciales disminuyen. Este éxito reproductivo diferencial es la esencia de la selección natural, el motor que impulsa la evolución adaptativa.
Un genotipo representa el conjunto completo de variantes genéticas que posee un organismo, mientras que un fenotipo es la manifestación observable de esos genes:color de ojos, altura y otros rasgos. Las influencias ambientales pueden modificar el fenotipo, lo que significa que el mismo genotipo puede producir diferentes rasgos en diferentes condiciones. Debido a que la selección natural actúa sobre el desempeño fenotípico, favorece indirectamente a ciertos genotipos.
Durante largos períodos, un alelo muy ventajoso puede quedar fijo, lo que significa que todos los individuos de la población lo portan mientras que otras variantes desaparecen. Sin embargo, muchos alelos confieren sólo beneficios marginales o ninguno en absoluto, lo que permite que coexistan múltiples variantes. Este equilibrio preserva la diversidad genética, que es vital para la adaptabilidad futura.