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Cuando los médicos hablan de la función tiroidea, suelen hacer referencia a dos hormonas clave:T3 y T4. Estas hormonas, producidas por la glándula tiroides, son fundamentales para la forma en que el cuerpo utiliza la energía y regula el metabolismo.
La tiroides es una glándula del tamaño de un guisante ubicada en la parte frontal del cuello. Capta el yodo de la dieta y sintetiza dos hormonas principales:tiroxina (T4) y triyodotironina (T3). Aunque el término "hormona tiroidea" se utiliza con frecuencia en singular, en realidad abarca tanto la T4 como la T3.
La tiroxina recibe su nombre de los cuatro átomos de yodo que contiene. En el torrente sanguíneo, la T4 existe en dos formas:
Debido a que la T4 es relativamente inactiva, sirve principalmente como reservorio que puede convertirse en la hormona más potente, T3.
T3 es la hormona activa que realmente impulsa el metabolismo celular. Se produce cuando la T4 elimina un átomo de yodo durante la conversión en el hígado y otros tejidos, como el cerebro. Esta conversión amplifica el efecto biológico de la hormona, convirtiendo a la T3 en el actor clave en la regulación del gasto de energía, la frecuencia cardíaca y la temperatura.
La glándula pituitaria libera hormona estimulante de la tiroides (TSH) para regular la actividad tiroidea. Si los niveles de T4 en sangre disminuyen, la secreción de TSH aumenta, lo que indica a la tiroides que produzca más hormonas. Por el contrario, la T4 elevada suprime la producción de TSH, manteniendo el equilibrio hormonal.
La función tiroidea saludable se refleja en niveles normales de T3, T4 y TSH. Los patrones típicos incluyen:
Estos valores guían a los médicos a la hora de diagnosticar trastornos de la tiroides y adaptar los planes de tratamiento.
Al comprender las distintas funciones de la T3, la T4 y la TSH, podrá apreciar mejor cómo la tiroides mantiene la salud metabólica y por qué es esencial un control regular.