* Intercambio de gas: Esta es la función principal de los alvéolos. Sus paredes delgadas (solo una célula de grosor) y la extensa red de capilares que los rodean permiten una difusión eficiente de oxígeno del aire inhalado en el torrente sanguíneo y el dióxido de carbono desde la sangre al aire a exhalar.
* Área de superficie: Los alvéolos tienen una gran superficie, gracias a sus numerosos sacos pequeños y la presencia de pequeños bolsillos de aire dentro de ellos. Esto maximiza el área para el intercambio de gases, asegurando la absorción eficiente de oxígeno y la eliminación de dióxido de carbono.
* Producción de tensioactivo: Los alvéolos producen una sustancia llamada tensioactivo, que actúa como un detergente, reduciendo la tensión superficial dentro de los alvéolos. Esto les impide colapsar, asegurando que puedan expandirse y contraerse adecuadamente con cada respiración.
* Flujo de sangre: Los capilares que rodean los alvéolos llevan sangre, que es rica en dióxido de carbono y bajo en oxígeno. Esto permite la transferencia eficiente de oxígeno al dióxido de sangre y carbono a los alvéolos para la exhalación.
En esencia, los alvéolos son los componentes esenciales del sistema respiratorio que nos permiten respirar y sobrevivir. Desempeñan un papel fundamental en la oxigenación de nuestra sangre y la eliminación del dióxido de carbono.