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Los cometas y meteoritos han fascinado a la humanidad durante milenios, pero la ciencia moderna revela que comparten muchos rasgos fundamentales. Mientras que un cometa aparece como un rastro luminoso y fugaz en el cielo nocturno, un meteorito es una roca tangible que puede estudiarse en la Tierra. Ambos se originan en el mismo vasto entorno interplanetario y sus historias se entrelazan con más frecuencia de lo que uno podría pensar.
Un cometa es un pequeño cuerpo celeste compuesto principalmente de hielo, polvo y material rocoso. Su núcleo orbita alrededor del Sol siguiendo una trayectoria muy elíptica y, a medida que se acerca al interior del Sistema Solar, el calentamiento solar vaporiza compuestos volátiles. Esta desgasificación forma una coma brillante y, a menudo, una cola espectacular que puede abarcar millones de kilómetros. Aunque los cometas sólo pueden verse durante unos días o semanas, su apariencia permite vislumbrar el material primordial que formó los planetas.
Cuando un meteoroide (un fragmento de escombros interplanetarios) ingresa a la atmósfera de la Tierra a gran velocidad, se quema y produce un rayo de luz brillante conocido como meteoro o “estrella fugaz”. La mayoría de los meteoroides se originan en colas de cometas o restos de colisiones de asteroides. Su fugaz brillo ofrece pistas sobre la composición y dinámica del Sistema Solar exterior.
En ocasiones, un meteoroide es lo suficientemente grande o está compuesto de un material lo suficientemente robusto como para sobrevivir al paso atmosférico y llegar al suelo. Estos fragmentos supervivientes, llamados meteoritos, se clasifican en pétreos, férreos o pétreos-hierro y proporcionan muestras directas de la geología extraterrestre. Si bien algunos meteoritos pueden derivar de material cometario, la gran mayoría son restos de asteroides o, en casos raros, eyecciones volcánicas de otros cuerpos planetarios.
Tanto los cometas como los meteoritos se originan en el espacio interplanetario y orbitan alrededor del Sol, a menudo en trayectorias alargadas. Sus composiciones (heladas, polvorientas y rocosas) reflejan los componentes básicos de la formación planetaria. Aunque los meteoritos son generalmente demasiado frágiles para sobrevivir a la entrada atmosférica si son cometarios, el meteorito ocasional derivado de un cometa nos recuerda que estos dos fenómenos están vinculados por orígenes comunes y procesos cósmicos compartidos.